PRIMERA PARTE: SARA
¿Qué estaba haciendo? Ese no era su lugar, o al menos ella no se sentía a gusto allí. Siempre lo supo y jamás hizo nada por lo que de verdad deseaba. Y ahí estaba, fregando los platos, a la espera de un hombre, que tal vez pronto se convertiría en su marido. Él era bueno, un hombre tradicional, sin complejos y sin miedo a nada. Le daba su cariño, la quería. Confiaba en ella. Poseía esa vida que todas deseaban. Era lo normal, ¿no?. Pero.. ¿y lo que pasó? ¿ Qué debía hacer? ¿ Contarlo o no contarlo?.
Seguramente lo perdería todo, o casi todo? Al fin y al cavo se acabaría enterando de una manera u otra. “ ¡Ay, qué tonterías dices Sara! Deja de decir tantas estupideces o acabaras en un manicomio. Esta es tu vida, el pasado no te puede perseguir para siempre. Así que olvídalo, ha pasado mucho tiempo.”
En ese mismo instante Adrián, su novio, entró por la puerta. Fue a besarla como siempre, pero ella se mostraba fría. Daba igual, él siempre la quiso y la iba a querer estuviese como estuviese, tampoco pensaba en martirizarla con preguntas que seguramente la harían sentir mal. Sólo la querría, como siempre.
-¿Qué tal el trabajo?- Le preguntó ella.
-Bastante bien, como siempre. Aun que hoy pasó algo distinto. ¿Sabes quién me llamó? ¿Te acuerdas de Sofía y Guillermo? Hacía tanto tiempo que no sabía de ellos.- dijo él.
A Sara casi se le rompe un vaso al escuchar esos dos nombres. ¿Qué iba a hacer? Todo era cierto, el pasado la perseguiría, seguro. Adrián se dirigió al cuarto para poder cambiarse. Y desde allí le grito lo que la hundiría un poco más en su propia tumba.
-Me dijeron que vendrían a cenar. Será mañana. Verdad que es fantástico.
En ese momento Sofía dejo de fregar. Se le había caído un plato. ¡ Ojalá él no se hubiese dado cuenta!. Al menos no había podido escuchar los latidos desbocados de su corazón. Iban a venir. Iba a venir. Se suponía que todo eso se iba a acabar. Era algo imposible.
Sofía estuvo toda la noche sin pegar ojo. No sabía por cuanto tiempo eso la iba a perseguir. Decidió dejar pasar las horas, hasta que llegase la cena. De todas formas se le daba bien disimular. ¿Qué podía ir mal?
(continuará)

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